Personalizar es mucho más fácil si el diseño ya hace buena parte del trabajo, así que antes de pensar en colores o letras, pensad en dónde os casáis. Una boda en una cala de Menorca pide azules suaves y mucho aire. Una masía en el Empordà o una bodega en La Rioja agradecen tonos cálidos y terrosos. Un palacio o un hotel clásico de Madrid aguanta colores profundos, detalles dorados y letra formal, y una boda civil en el ayuntamiento seguida de una comida queda mejor limpia y moderna.
La estación también cuenta: las flores de primavera chirrían en una boda de diciembre, y los terciopelos oscuros pesan en pleno julio.
Juzgad cada plantilla con vuestros nombres y vuestra fecha, no con los de la pareja de ejemplo, y abridla en el móvil, porque ahí la verá primero la mayoría de los invitados. Podéis inspiraros con estos diseños animados de invitaciones de boda digitales y, si todavía no habéis creado la vuestra, leed antes cómo hacer una invitación de boda digital.
