Un código QR sustituye a una dirección web que nadie quiere teclear con una copa de cava en la mano. En una boda, los carteles suelen cumplir una de estas cinco funciones:
- Subir fotos: reunir las fotos espontáneas de los móviles que el fotógrafo nunca verá, desde los preparativos hasta la última canción.
- Buscar la mesa: cada invitado escribe su nombre y ve su mesa, así se deshace el corro delante del plano de mesas.
- La invitación o el horario: ceremonia, cóctel, banquete, autobús de vuelta. Si vuestra invitación de boda digital ya reúne todos los datos, que el código lleve ahí.
- El regalo: la lista de bodas o el número de cuenta, mejor en una tarjeta discreta que en un caballete enorme.
- Wi-Fi: muy útil en fincas y masías con poca cobertura, sobre todo si queréis que las fotos se suban durante la fiesta.
La regla de oro es un cartel, una función. Un panel con cuatro códigos hace que la gente se pare, entorne los ojos y pase de largo. Si necesitáis varios, dad a cada código su propia tarjeta y su titular, o al menos una etiqueta bien visible debajo.
